DMS en Español DMS en Inglés DMS en Alemán Contacto por E-Mail DMS on Twitter DMS on Facebook

Glenn Hughes + Jared James Nichols, Sala Arena, Madrid, 10 de octubre 2015

(Texto y fotos: David Ortego) Algunos artistas nos tienen muy mal acostumbrados. La “voz del rock” es uno de ellos porque cada vez que le veo más alucinado me deja del buen estado físico, pero sobre todo vocal, que demuestra, máxime con la vida de excesos ha tenido y no siendo un chaval precisamente.

Sin embargo esos problemas los ha dejado atrás y cada vez que se sube a un escenario ofrece la mejor versión de si mismo derrotando talento, carisma y un chorro de voz que, a sus 63 años, no puede ser calificado más que como estratosférico. No está al alcance de (casi) nadie. Su visita el pasado diez de octubre no fue una excepción y volvió a brillar como siempre esta vez, de nuevo, muy bien acompañado.

Nadie quería perderse este espectáculo y, por ello, la céntrica sala madrileña registró un lleno hasta la bandera. Esto favoreció que el telonero que acompañaba a Hughes gozara de una gran entrada cuando normalmente la gente pasa de entrar hasta que el artista principal está casi a punto de salir.

La noche iba de tríos, musicales obviamente, y el jovencísimo Jared James Nichols nos sorprendería a todos con un concierto lleno de feeling, energía y Blues Rock de vieja escuela pero de alta ejecución. Bien secundado por Eric Sandin al bajo y Dennis Holm a la batería, se despachó a gusto presentando temas de su nuevo trabajo “Old Glory & The Wild Revival” como “Blackfoot”, que inició su descarga, “Get Down”, “Crazy” o “Haywire” ante una audiencia que pronto se rindió ante la evidencia del talento de este muchacho.

Tocando sin púa y desde el corazón, el enorme guitarrista (en todos los sentidos) nos desnudó un poco su alma en cada acorde, en cada solo que se marcó y en cada estrofa que cantó porque, oigan, el chaval también canta y muy correctamente por si fuera poco, aunque también fueron dignos de mención los coros de sus compañeros de faenas, en especial de Eric, con el que mostró una compenetración y complicidad excelente durante todo el concierto.

Antes de continuar con la presentación de sus temas tuvo tiempo de marcarse una tremenda versión del “Rock And Roll Hoochie Koo” del desaparecido Johnny Winter, donde se le vio más que cómodo, para proseguir con más temas propios como, “Can You Feel It?” y “Playin´ For Keeps”, que gozaron de una buena respuesta por parte de un público que estaba, ahora sí, muy metido en su concierto disfrutando con él.

Mostrándose simpático y agradecido por las ovaciones y los aplausos recibidos, su tiempo llegaba a su fin despidiéndose de una sala ya prácticamente llena con el “Mississippi Queen” de Mountain desencadenando tras ella otra ovación sentida y sincera de los presentes a un concierto que dejó el escenario ardiendo para recibir a las estrellas de la noche.

Con puntualidad absoluta salieron a escena Pontus Enborg, Doug Aldrich y, finalmente, el principal protagonista recibiendo una calurosa bienvenida para arrancar su apoteósica descarga, de dos horas de duración, con “Stormbringer” a la que enlazaron “Orion”, tema extraído del funky “Soul Mover” que también tuvo bastante presencia.

Primeros compases y, afortunadamente, el sonido estuvo a la altura de lo que debía no erigiéndose en protagonista negativo (como si pasó la noche anterior en Junkyard) y dejando que percibiéramos todo el potencial desplegado por los músicos sobre las tablas en un recital que repasó lo más granado de la dilatada trayectoria del británico.

De este modo presentó “Way Back To The Bone”, un tema de Trapezze que compuso cuando era un chaval, como el propio bajista indicó, y que hizo las delicias de sus más veteranos seguidores continuando así con la fiesta que nadie quería perderse.

El nivel al que estaba rayando el vocalista era exagerado y el perfecto balance de los instrumentos permitía apreciar, tanto los matices que imprimió a las canciones, como las partes instrumentales que los tres bordaron. Y es que no sólo el “hacha” Doug Aldrich, que sirvió sin duda de reclamo para muchos estuvo sensacional, aportando virtuosismo pero también clase, junto al fuera de serie Pontus tras los parches brillaron con su instrumento, el propio Glenn no sólo cantó como nunca (o como siempre, según se mire) sino que demostró lo sólido que es al bajo haciendo improvisaciones o solos en diversos momentos. Un placer ver al trío ejecutar las canciones la verdad.

“First Step Of Love”, del proyecto Huhges/Thrall fue una “golosina” para el paladar, “Touch my Life”, otra añeja referencia a Trapeze gustó mucho, la “Purpleliana” “Sail Away” introducida con la historia de cómo conoció a Aldrich a través de Dio (al que alabó) fue coreada a rabiar y “sorprendió” con el “Good To Be Bad” de Whitesnake que cantó como al pobre Coverdale le hubiera gustado hacerlo en directo. Vamos, que no estaba faltando de nada y todo era ejecutado con pulcritud extrema pero a la vez con mucho sentimiento.

Aunque había bastantes partes instrumentales en las canciones para que la voz de Glenn descansara, no nos libramos del solo de guitarra (bastante largo en mi opinión) de Doug para su lucimiento personal (innecesario a estas alturas de su carrera) y del de batería justo después de “Can´t Stop The Flood”. Pero antes de eso, y justo después del solo del rubio guitarrista, el momento más álgido del concierto volvió a acontecer con la interpretación de “Mistreated”.

No es solo uno de los temas estrella de la formación de Purple de la que formó parte, es uno de los pilares de cualquiera de sus conciertos y donde nos volvió a dejar con la boca abierta y sin palabras para describir lo que hizo con su voz. Lo que quiere y más. Potencia, matices, inflexiones…todo en medio de un silencio sepulcral solo roto por algunos espontáneos gritos. Impagable asistir a semejante demostración de facultades repito, con 63 años.

Habiendo repasado algunos temas de su glorioso pasado lejano, llegaba la hora de acordarse también de su pasado más reciente recordando a la super banda que formó junto a Joe Bonamassa y Jason Bonham. “One Last Soul” fue el primer tema que compuso para Black Country Communion y fue muy bien recibida por el público que también acogió del mismo modo “Soul Mover”, del disco de mismo nombre y con el que se retiraron, Hughes visiblemente emocionado bendiciéndonos y haciendo el signo de la paz, antes de arremeter con los bises.

“Black Country” fue el primero de ellos, volviendo a acordarse de su último gran proyecto, para que la indispensable, y otra de las fijas en sus directos, “Burn” pusiera a toda la sala a cantar y saltar poniendo el punto y final a un concierto del que nadie pudo salir descontento porque no es posible si tienes en el escenario a una leyenda con lo es Glenn Hughes en semejante estado de forma físico y mental.

Después de conciertos como este uno no puede sino plantearse por qué ir a ver a otros artistas que no están en forma, tocan poco y encima son distantes con sus fans. La VOZ DEL ROCK volvió a demostrar el por qué de este apodo y su humildad nos volvió a conquistar a todos. Está a otro nivel.