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House of Lords + White Coast Rebels, Sala Lemon, Madrid, 7 de octubre 2015

(Texto y fotos: David Ortego) House of Lords con su líder y fundador, James Christian, a la cabeza son una de tantas bandas que aparecieron a finales de los ochenta cuando el Hard Rock estaba en lo más alto. Veintisiete años después todavía siguen facturando discos de una calidad notable como demuestra “Indestructible”, y eso no es tarea fácil. Ejemplos de lo contrario los hay a patadas.

A pesar de ser una banda clásica está claro que su popularidad, al menos en nuestro país, dista mucho de ser la que deberían tener aunque solo sea por respeto a una trayectoria que, con algún que otro altibajo, me parece más que digna. Una cosa es que no sea la que merecen, y otra muy distinta fue la respuesta que tuvieron en una ciudad como la capital de España, encima fecha única.

No esperaba una sala a rebosar, aunque la sala Lemon tenga menor aforo que la de su última visita (Caracol si no recuerdo mal), pero ver a diez personas esperando a que se abrieran las puertas te hace replantearte algunas cosas…

Efectivamente, muy pocos fuimos los que sufrimos el considerable retraso que tuvo la apertura de puertas debido a un problema con la furgoneta que debía traer a los músicos a la sala y muy pocos más (y casi todos de prensa) los que estábamos en la sala cuando White Coast Rebels hicieron acto de presencia para descargar su Rock macarra y sin demasiadas pretensiones más allá de hacer pasar un buen rato.

Muchos grupos hubieran optado, viendo el desolador panorama, por limitarse a tocar sus temas y salir de allí lo más rápido posible. Nadie les hubiera podido culpar porque la frialdad de la sala era total cuando sonaron los primeros acordes de “Hangin´ With The Bad Boys” y los renovados White Coast Rebels comenzaron su actuación liderados por el cachondo Johnny Hellraizer.

Johnny no tiene vergüenza ni la conoce, y por ello le da lo mismo tocar ante mucha o poca gente. Esto es una ventaja clave para entender por qué con el paso de los minutos mientras más temas de su debut como “Heartbroken In Paradise”, “Lock Up Your Daughters”, “Nightmare” o la potente “Psycho” se iban sucediendo, se fue metiendo al escaso público en el bolsillo con jocosidades, comentarios algo soeces sobre sus conocimientos de español pero, sobre todo, con simpatía y canciones pegadizas bien ejecutadas.

No dudaba en señalar a los que no cantaban o dieran palmas durante su ya clásica versión de 4 Non Blondes, “What´s Up” (por supuesto con eructo al final incluido) ni de provocar a las personas de la primera fila poniendo caretos. Todo un espectáculo sin duda que es de agradecer cuando pintan “bastos” como pintaban esa noche.

El peso escénico recae en el orondo Johnny, sin duda, porque los nuevos, aunque cumplieron con su papel, no es que aportaran demasiado a nivel visual permaneciendo bastante estáticos. Tal vez les falte algo de rodaje como banda y necesitan soltarse más sobre las tablas pero eso lo darán los conciertos y lo cierto es que se están convirtiendo en unos habituales de los escenarios españoles estos ingleses afincados en Benidorm así que más oportunidades tendrán.

Aunque no tuvieron demasiado tiempo, aprovecharon la ocasión para presentar algunos cortes que formarán parte de su nuevo disco que en breve grabarán en Londres. De este modo la recta final la coparon la desenfadada “So Many Chicks, So Little Time”, “To Rock” para, finalmente, despedirse de nosotros tras tres cuartos de hora de actuación con “The Power Inside”, que dará título a su próxima entrega si no me equivoco. No son nada del otro jueves los White Coast Rebels pero se lo curraron, en especial su vocalista/guitarrista, y nos hicieron pasar un buen rato. Para mí, más que suficiente esa noche.

Durante el cambio de instrumentos pudimos ver a los propios músicos de House Of Lords hacer de “pipas”, por lo que la espera no se hizo demasiado larga (que ya la apertura lo había sido). Así mismo, algo más de color había cogido la sala pero vamos, una “risión” que no fueran ni cien personas a verles pese a lo apretada de la agenda de conciertos en la capital y a ser un miércoles. Me sigue pareciendo un balance muy escaso.

Pese a que me encantan la mayoría de sus discos, cualquiera que haya visto al grupo en alguna ocasión sabe que no tiene un directo, digamos que “incendiario”. Más bien lo calificaría de correcto e, incluso, en ocasiones los coros grabados y hasta alguna ayudita vocal al propio Christian han empañado sus actuaciones. Nada pude ver de eso en esta ocasión y hasta podría decir que ha sido de las veces que más me han gustado.

Seguro que la ausencia total de expectativas, o que eran muy bajas porque les he visto muchas veces ya y sé lo que hay, para qué mentir, ayudó. Sin embargo, eso no quita que viera a un vocalista inmenso que cantó mejor que otras veces y a una banda que, aunque parecían cansados, cumplieron con creces instrumental y vocalmente a los coros. Y estando a un metro de ellos no vi trampa ni cartón más allá de los habituales teclados grabados. Tras la intro “Purgatorio Overture”, “Come To My Kingdom”, del disco de mismo nombre, nos dio la bienvenida a un concierto que superó con creces lo esperado. James Christian, de negro riguroso y luciendo unas gafas de sol que no se quitó, arrancó algo frío y soso pero, poco a poco y pese a la penosa entrada, se fue viniendo arriba y terminó hasta medio saltando, cosa que le he visto hacer en contadas ocasiones.

El concierto fue a piñón y se basó en el repaso a algunos de sus temas más conocidos y, porque no decirlo, también más inspirados como “Rock Bottom”, “Big Money”, aunque nunca me gustó demasiado, “Cartesian Dreams” o una correcta “Battle” de su predecesor “Preciuos Metal” cantada con arrojo por el marido de Robin Beck.

Desgraciadamente, otro de los males del grupo es lo poco que apuestan por sus nuevos trabajos. Resulta lógico porque tocan poco y tienen demasiados discos editados que requieren presencia en el repertorio, pero no por ello es menos sangrante cuando “Indestructible” es un trabajo más que notable. De él sólo pudimos escuchar la brutal “Go To Hell”, el medio tiempo “Call Me Bluff”, que me gustó mucho cómo les quedó, y la cañera “100 Mph”. Me hubiera encantado que sonara alguna más pero no muchos de los presentes parecían haber oído el disco porque la respuesta fue bastante tímida.

El otro “pero” que le pongo al concierto es el tema de los solos. Vale que James necesite descansar pero solo de bajo de Chris McCarvill, el largo y tedioso a más no poder solo de Jimi Bell hacía el final que aburrió hasta al baterista que miraba deseando que terminara, o el de batería a cargo de B.J Zampa, muy vistoso y el único que salvaría si tuviera que elegir uno, me resultaron excesivos en 80 minutos de concierto. Por lo demás, los compañeros del vocalista volvieron a demostrar que en ellos ha encontrado una solida formación con la que mantenerse desde hace ya muchos años y que espero que dure porque son solventes a más no poder en estudio y en directo.

Por supuesto no faltaron los momentos álgidos “Love Don´t Lie”, cantada por James con un feeling que hacía tiempo que no le veía, “Can´t Find My Way Home”, donde se colgó la acústica para bordar el tema, o un “I´m Free” con un gran trabajo de coros por parte de la banda que fue coreado también por los presentes y que sirvió de corte entre ambas junto a “100 Mph” y el solo de batería.

El ritmo del concierto había sido vertiginoso y, a pesar del poco tiempo que llevaban tocando estábamos llegando a la recta final que, evidentemente, corrió a cargo de “caballos ganadores”. El primero de ellos lo anunció una intro grabada y fue la tremendísima “Sahara” donde ya el vocalista terminó de venirse arriba del todo animando y moviéndose por todo el escenario como creo recordar que no le había visto en muchos años. Tras ella nos “sorprendió” con su hit por excelencia, un “I Wanna Be Love” que puso la sala patas arriba a pesar de los pocos que éramos y cantada hasta por el apuntador.

Después, abandonaron el escenario, aunque se quedaron en un lateral y B.J. ni se movió de su banqueta, para que un aburrido y demasiado largo solo de guitarra sirviera de interludio para el último tema de la noche. “Pleasure Palace”, de su glorioso debut, tuvo ese papel dejándome sorprendentemente satisfecho con lo visto a pesar de que no llegaron ni a 90 minutos (para variar) porque vi a un James elegante, cantando bien y encima animado sobre las tablas que me contagió ese entusiasmo. Me pillarían con el día “tonto” pero me convencieron. Lástima que la imagen de nuestro país que volviera a llevarse, al igual que cuando vino con su mujer hace unos meses, fuera la de una sala casi vacía.