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Leo Jiménez, Sala La Riviera, Madrid, 26 de septiembre 2015

(Crónica: David Ortego / fotos: Sara Espinosa) Uno de los mejores vocalistas del panorama patrio y, porque no decirlo, también uno de los más controvertidos, presentaba su disco “20 Años Tras el Apocalipsis” en lo que iba a ser la única posibilidad de ver al madrileño en una sala de nuestro país en 2015.

Las puertas se abrieron sobre las 20:00 de la noche pero no sería hasta las 21:00, eso sí, con puntualidad británica, cuando se apagaron las luces y comenzó a sonar la intro “Anvil Of Doom”, perteneciente a la banda sonora de la mítica película “Conan El Bárbaro”, provocándose el delirio generalizado entre la audiencia al aparecer el que fuera vocalista de Saratoga.

“Bebe De Él” y “Caminos de Agua” serían las elegidas para dar comienzo a un show de casi dos horas en el que Leo repasó lo que él consideró más importante de toda su carrera como artista aunque, lógicamente, se centró en sus discos propios en detrimento de los temas de su pasado que, a todas luces y sin ser un fan acérrimo de Saratoga o Stravaganzza, considero muy superiores compositivamente hablando.

Aunque en tan especial noche estaba destinado a ser él el protagonista, Leo quiso compartir escenario y, por tanto, protagonismo, con algunos amigos (bastantes diría yo) que le acompañaron durante buena parte del show y a los que fue dedicando bonitas palabras mientras los presentaba además de darle cierto bombo o publicidad a sus respectivos grupos.

Poco tardó en aparecer el primero de ellos, presentado como el “mejor vocalista de Heavy Metal español”. Se estaba refiriendo a Cano, vocalista de Centinela, con el que se marcó un dueto y “duelo” de agudos imposibles en “Insaciablo” (uno de los temas que no aparecen más que en el último trabajo que presentaba), tema muy del agradado de la audiencia y muy de lucimiento personal, pero bueno, los que tienen ese “don” vocal hacen bien en sacarlo a relucir. Dada la exigencia del tema me pareció muy inteligente la jugada de tocarlo al principio del concierto, por lo que pudiera pasar luego.

Una vez abierto el melón de las colaboraciones fue un no parar, tal vez, me pareció incluso excesivo, pero así fue como quiso Leo que fuera esa velada. Así, tras Cano saldría Zirus, vocalista de Kaothic, para aportar sus guturales en una correcta versión del Domination de Pantera en la que Leo también intentó emular a Phil Anselmo marcándose algún gutural junto a otros agudos un poco innecesarios, así como colgarse una guitarra que, sinceramente, poco aportaba al conjunto y que sería fiel compañera del cantante durante prácticamente la mayor parte del resto de su actuación.

Con un sonido que, aunque inicialmente no fue todo lo bueno que hubiera sido menester, si mejoró con el transcurso de los temas hasta ser notable, pudimos apreciar lo bien que se ha rodeado el vocalista instrumentalmente hablando ya que la banda que le acompaña es muy competente y sólida. De ella me sorprendieron gratamente sus guitarristas Antonio Pino y Rufo J. Cantero porque al estratosférico Carlos Expósito, formando una gran pareja con el bajista Edu Fernández, ya le conozco de sobra y volvió a estar soberbio tanto a las baquetas como al apoyo vocal de Leo durante todo el concierto. Con estos músicos a su lado está claro que ha encontrado un gran equipo, sin duda.

¿Y el protagonista de esta crónica? Pues bien, no se puede decir otra cosa más que manejó el concierto a su antojo y rayó a un gran nivel durante toda la actuación. Bien es cierto que, en ocasiones, se permitió algunas licencias en forma de agudos o guturales que no venían mucho “a cuento” para “adornarse” pero, en general y quitando algún comentario un poco fuera de lugar, se mostró como un gran frontman, cercano, simpático y agradecido a sus seguidores. Vamos, como debe ser.

Con “Desde Niño”, y la apropiada dedicatoria a todos esos menores que no pueden entrar a los conciertos y que a buen seguro le habría acercado al sold out al de Fuenlabrada de haber podido entrar, y “Condenado” prosiguió la descarga pero, como para gustos se hicieron los colores, he de decir que no me gustaron nada ni “Él No Llorará”, ni las dos apariciones para colaborar, primero en “Misantropía” y ya en los compases finales en la horrible, “Lo Importante”, de Tanke Ruiz, guitarrista de Fiebre, y me refiero a las canciones, no a la colaboración en sí. Qué le vamos a hacer.

Para “No hay Más Canciones para Ti” salieron Txema de Somas Cure y Mero Mero de Cuernos de Chivo a meter algunos coros y, la verdad, tampoco vi que aportaran demasiado al conjunto (más bien diría que nada) pero para el vocalista debía ser importante que allí estuvieran, en especial Mero Mero, quien se marcó una rajada de apoyo incondicional a Leo seguramente tan apropiada como soez. De hecho volvió a contar con su presencia para “Impotencia”, la primera referencia a Stravaganzza en la que aportó aún menos (o si pero más negativa que positivamente), bajo mi punto de vista, al tema en cuestión.

Ya en la recta final contó con el genial Alberto Marín de Kaothic, y hasta hace no mucho guitarrista también de Hamlet por citar alguna de la infinidad de bandas con las que ha tocado, para aportar su talento a las seis cuerdas en “Volar” mientras que “Caballo Viejo” bajó algo la intensidad ya que no aprecié que funcionara en directo como es debido.

Lo que si funcionó como es debido y, para el que suscribe estas líneas fue el mejor momento de su descarga, fue la brutal y sentida interpretación de “Getsemani” de Jesucristo Superstar en la que el de Fuenlabrada se vació y logró poner los pelos de punta a una sala que aplaudió a rabiar este fragmento. Igual que digo una cosa, digo otra y me parece justo reconocerlo.

Por increíble que parezca, la versión del “Hijo de la Luna” del grupo de pop más famoso de la historia de España fue la elegida para cerrar el concierto regular contando para ello con la presencia del bajista de Stravaganzza Patricio Babasasa, quien ocupó el puesto de Edu para este tema, y tras la que la banda se retiró unos instantes a camerinos.

La vuelta a escena no se demoró demasiado y, como no podía ser de otro modo, contó como protagonista a Saratoga en forma de “Parte de Mí” y, sobre todo, de la celebradísima “Resurrección” que, sin miedo a equivocarme, fue la que más entusiasmo despertó de todas las que sonaron. Leo fue consciente de ello y, por eso, se dirigió al público antes de tocarlas llamándonos “saratogos cabrones” de manera simpática mientras se reía.

El último cartucho de la noche correspondió a “Tu Destino”, de “Animal Solitario”, dando por concluida la velada mientras recibían el calor de su público y saludaban sonrientes. Eso sí, mientras se despedían eligieron como banda sonora de cierre al genial Chimo Bayo que, sinceramente, esbozó una sonrisa en mi cara.

Esto fue lo que dio de si este concierto especial de Leo en el que, aunque le faltaron con seguridad temas a sus incondicionales, hizo un repaso a estos veinte años de carrera en los que, pese a quien pese, se ha labrado un nombre para la historia del metal en este país. Veremos que le deparan los próximos veinte.