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Death Angel + Agresiva, Sala Caracol, Madrid, 9 de julio 2015

(Texto y fotos: David Ortego) Parece mentira que ya hayan pasado tres años desde que los thrashers Death Angel nos visitaran acompañando a Exodus, en aquel excelente cartel para los seguidores del género que se completaba con Heathen y Suicidal Angels y en el que, para más inri, se tocaron su mítico debut de cabo a rabo, convirtiéndose, para mí, en los triunfadores de la velada por encima de unos Exodus por aquel entonces con el infame Rob Duke a la voz.

Pues bien, tres años después volvían a la capital para presentar su, ya lejano en el tiempo, “The Dream Calls For Blood” en una sala Caracol que, no sé si por fechas o por falta de interés, se quedó más vacía de lo que hubiera sido deseable para lo que una banda de su historia y trayectoria merecen. Pero así es la vida y los que si decidimos acercarnos a Caracol pudimos volver a comprobar lo buenísima que es esta banda encima de un escenario.

Hubo cierto retraso en lo que a la apertura de puertas se refiere y esto perjudicó en buena medida la actuación de Agresiva, banda encargada de abrir los conciertos de americanos. Pero, desgraciadamente, este no fue el único problema que tuvieron las huestes comandadas por Samuel ya que, inicialmente y durante buena parte del tema que sirvió de apertura, “Our Time Has Come”, la guitarra de Miguel apenas se percibía, lo que deslució bastante el inicio de los madrileños.

Intentando sobreponerse a unas condiciones adversas y a la reducción de su tiempo de actuación casi a la mínima expresión, siguieron con la presentación de su segundo trabajo, “The Crime Of Our Time”, con cortes como “Pounding United” o “Ecstasy And Lust” (que ya habían anticipado en su Ep previo “Chronophobia”) ante la mirada de una sala medio vacía y poco participativa.

Aunque Samuel lo intentara con tesón, no fue “Hell Town” de su debut “Eternal Foe” sino, lógicamente, la versión del clásico de Anthrax “Caught In a Mosh” lo más “aplaudido” de su actuación que, sin tiempo para más, se cerró como siempre con “Sent To War”, en la que intercalaron un guiño al “Running Free” de los Maiden.

Está claro que no fue su noche aunque, no sé por qué, y a pesar de que la base rítmica compuesta por Bastian y James está más que asentada ya, cada vez que les veo me convencen menos en vez de al contrario como sería lógico. Y les he visto infinidad de veces…tal tenga yo el “problema”.

Con algo más de gente en la sala, pero sin ningún problema para movernos a nuestras anchas por ella, salió el quinteto de San Francisco abriendo con los dos temas que hacen lo propio con su último disco hasta la fecha, es decir, con “Left For Dead” y “Son Of The Morning”.

Un sonido alto y contundente, pero muy nítido, les acompañó a lo largo de toda su actuación, y la hizo ganar enteros. Además, los californianos salieron como un torbellino desde el inicio y mantuvieron ese nivel hasta que abandonaron las tablas, sobre todo los incansables Rob y Mark, siendo el guitarrista Ted Aguilar el miembro menos activo del quinteto, aunque cumpliendo con corrección y buscando la complicidad con Rob en algunos momentos en los que doblaron guitarras.

El primer tercio de su concierto se centró prácticamente en temas de sus más recientes obras. Así cayeron “Claws in So Deep”, “Killing Season” y más temas “nuevos” como “Fallen” que, si bien fueron defendidos con solvencia y recibidos con moderado entusiasmo, palidecieron ante el primer clásico “de verdad” que interpretaron. Fueron sonar los primeros acordes de “Evil Priest” y la reacción ser totalmente distinta. Aunque en este corte Mark enganchó el cable de su micrófono en el clavijero del bajista Damien Sisson y este abandonó el escenario en mitad de la canción con cara de pocos amigos…

A partir de aquí, con el permiso de “Truce”, perteneciente a “Relentless Retribution”, y sin dejar de lado la presentación (tal vez demasiado extensa para tener el disco casi dos años) de “The Dream Calls For Blood” con más cortes como “Succubus”, “Execution-Don´t Save Me”, “Caster Of Shame” o la que le da título, el grupo echó la vista atrás y repescó “3rd Floor” y “Bored”, de su segunda obra “Frolic Through The Park”, “Seemingly Endless Time” del genial “Act III” (lástima que sólo fuera esa la elegida) y otro corte de su inalcanzable “The Ultra-Violence”, “Mistress Of Pain” recibido con júbilo por todos. Fue, sin duda, la mejor y más intensa parte de la descarga.

Aunque el grupo lo dio todo desde el primer instante, es cierto que la reacción del público fue de menos a más y, por esta razón, la sala estalló de alegría al escuchar los primeros compases de “The Ultra-Violence”. Lástima que tan solo fuera un fragmento y no el tema completo de más de diez minutos que, además, sirvió como introducción a la última canción de la noche que, sin mucha sorpresa, recayó en la genial “Thrown To The Wolves”, el single del disco que les volvió a reunir hace más de diez años y cuya calidad es más que notable, tras la que recibieron los merecidos aplausos a una actuación sin fisuras mientras se despedían.

Así terminaba la noche y, a pesar de que abusaron en exceso de su último disco dejando fuera increíblemente temas cuasi obligatorios para mí como “Thrashers”, por citar alguna, creo que volvieron a demostrar lo en buena forma que están y que sus prestaciones en directo les hacen merecedores de apostar por ellos siempre que vengan. Ojalá no tarden tanto.