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Circle II Circle, Nightmare + Eternal Flight, Sala Caracol, Madrid, 29 de mayo 2013

(Texto y fotos: David Ortego) Tengo sentimientos encontrados a la hora de enfrentarme a esta crónica. Por un lado siempre es agradable ver a un grupo que me gusta (como es el caso de Circle II Circle) desde que editaron su primer trabajo, el notable “Watching In Silence”, con el gran Zak Stevens a la cabeza. Encima, si deciden interpretar con motivo del vigésimo aniversario de su edición el mítico “Edge Of Thorns” de los siempre infravalorados dioses Savatage, pues mejor que mejor, y no negaré que ese era mi principal aliciente para acudir a la cita, como supongo que así era para todos los demás asistentes. Pero, precisamente, el hecho de que Circle II Circle tengan tantos discos, acaben de sacar nuevo trabajo y vengan tocando un disco de Savatage es lo que me produce cierta perplejidad, y hasta diría que rabia, porque lo que todos los fans de Savatage deseamos es que Jon Oliva y el resto de ex miembros dejen de hacer proyectos que suenan a su banda madre por todos los lados y anuncien la reunión de Savatage de una vez (que a Jon Oliva le va a dar un infarto el día menos pensado…) por mucho que les sea más rentable girar con la Transiberian Orchestra a todos ellos. Sé que es de locos y que debería alegrarme por poder escuchar este disco entero pero debo ser así de raro, aunque si con este reclamo juntaron a poco más de 100 personas la verdad es que entiendo que no les merezca en absoluto la pena reunirse y mucho menos, pasarse por nuestro país.

De cualquier manera los americanos no venían solos en esta gira, aunque hubiera deseado que así hubiera sido, sino que estaban acompañados por dos grupos galos. Por un lado unos desconocidos, para mi, Eternal Flight y por el otro, los veteranos Nightmare a los que hacía años que no veía tras haberlo hecho compartiendo cartel con grupos de metal gótico en la gira del primer disco de Sirenia, si no recuerdo mal.

Si con Circle II Circle no llegábamos a las 150 personas, imaginaos las que había cuando saltaron a las tablas Eternal Flight. Creo que conté 27 personas tras terminar su primer tema, por lo que el ambiente era más que desolador para el grupo que, no obstante, hizo lo que pudo. Eso si, lo diré sin paños calientes. Hacía tiempo que no veía a unos teloneros que me gustasen tan poco. Y no fue sólo porque su Power Metal facilón y predecible ya no me interese lo más mínimo sino porque tienen un problema llamado Gerard Fois. Exacto su vocalista y líder.

Con un vocalista tan escaso de voz y de recursos es imposible sacar adelante los temas que interpreta el grupo, ni siquiera aguantó bien el corte inicial “All We Are”, correspondiente a su primer disco, ni la única representante de su segundo trabajo, “Next Ones On The List”, donde ya daba muestras de su agotamiento vocal. Pero es que, según fueron presentando temas de su reciente “Diminished Reality, Elegies And Mysteries” como “Freedom Is My Race”, “The Toser” o “Nightmare King” aquello era un despropósito detrás de otro y no había por dónde cogerlo a pesar de que el resto del grupo cumpliera con corrección sus partes.

Aprovecharon la coyuntura para presentarnos un par de temas nuevos que serán parte del próximo disco del grupo pero, ni “Angels Of Violence” ni “Poison In Your Head”, me dijeron absolutamente nada. Qué le vamos a hacer. Lo único que deseaba es que se acabara su descarga porque al final hasta me dio un poco de penilla. Esto ocurrió con otro tema de su debut, “Beyond (The Golden Gates)”, que dio por terminada la tortura a la que nos estaban sometiendo.

Lo siento pero, con un cantante así, creo que nunca pasarán de la tercera división del género y lo peor es que Gerard es el alma mater del grupo por lo que su sustitución la veo un poco difícil. Salvo que le pasara algo grave a su voz y lo de esa noche fuera algo puntual y yo no lo sepa, él verá si no prefiere dedicarse a otra cosa que se le de mejor que cantar.

Como comentaba al principio, ya había tenido contacto en directo con Nightmare anteriormente y lo cierto es que no me atrajo demasiado su propuesta ese día, pero el contexto no les era favorable así que me dispuse a darles otra oportunidad. En esta ocasión me gustó algo más la banda liderada por Jo Amore pero, tras el concierto de sus compatriotas, creo que cualquier cosa me hubiera causado buena impresión porque el listón estaba ya no bajo, sino por el suelo.

Nightmare son un grupo veterano del metal francés. De hecho tienen discos en la mitad de la década de los ochenta (hasta que se separaron en 1987) y parece que su vuelta a la actividad en los albores del año 2000 (1999 para ser exactos) está siendo más efectiva porque no han dejado de editar discos con mayor o menor frecuencia y, de hecho, venían con un nuevo disco bajo el brazo titulado “The Burden Of God”.

Creo que, con ocho discos editados (aunque entiendo que pasaran de los dos de los ochenta porque en ellos Jo ni siquiera cantaba sino que tocaba la batería), se centraron en exceso en el último ya que, de ocho canciones propias, cinco fueron de dicho trabajo. Tan sólo hicieron tres concesiones a discos pretéritos. “Eternal Winter” y “The Gospel Of Judas” de su penúltimo “Insurrection” siendo la única referencia a su correcto “Cosmovisión” el tema que le da título y que fue el corte más celebrado por los pocos conocedores de su discografía que había en la sala. Eso sí, teclados grabados en todos los temas que los tenían.

“The Preacher” y “Sunrise In Hell” sonaron a gloria bendita en la voz de Jo Amore que, al menos, dio la talla defendiendo sus canciones. Lo cierto es que dieron un buen concierto, a pesar de que no sea muy fan de ellos, en el que el peso escénico recayó, sin duda, en el bajista Yves Campion y el propio Amore. Yves no paró un segundo de moverse buscando la complicidad tanto del vocalista como de los guitarristas, dotando al show de bastante dinamismo, mientras que Jo gesticulaba al más puro estilo Dio y se iba adelante y detrás del escenario continuamente.

“The Burden Of God”, y su potente y pegadizo riff, la densa y pesada “Children Of The Nation” y “Crimson Empire”, que fue la que más me motivó de los nuevos cortes, fueron también representantes de su última entrega en un concierto que se me terminó haciendo un poco largo y cansino que tuvo su colofón, para dar todavía más impresión de imitador de Dio, en una mala versión del “Heaven & Hell” de Black Sabbath (donde sin duda el sentimiento pudo más que la técnica vocal) coreada por todos como no podía ser de otra forma.

Ya digo, concierto correcto pero que acabó por hacérseme un poco cuesta arriba en el que se demostró que el curtido frontman es todo un superviviente pero no sé si eso fue suficiente para obtener algún nuevo seguidor. Correctos.

Por fin llegaba la hora de escuchar al completo uno de mis discos favoritos de la época Stevens en Savatage y de la discografía de los americanos en general. Encima, el componente emocional de ser el primer disco que me compré de ellos y el último con el añorado Criss Oliva a las seis cuerdas, pesaba bastante, para qué mentir.

Para empezar diré algo obvio pero que servirá para no repetirme durante la reseña del concierto y sentar algunas bases para entender el resto de la crónica. Zak está en un más que decente estado vocal y cantó fielmente los temas (casi tan bien como lo hacía 20 años atrás) que empezaron a darle la fama que hoy tiene pero, por mucho que se empeñen, Adam Sagan no está a la altura de Steve “Doc” Wacholz ni por asomo (de hecho fue el que peor lo hizo de largo en mi opinión). Aunque competente, Michael Stewart no es John Lee Middleton ni el mercenario Henning Wanner fue capaz de recrear fielmente todas las partes de teclado de Jon Oliva (y eso que su tarea me parece la más “sencilla” de todas) ni, por supuestísimo, el musculado Hill Hudson ni David Wentz, por muy buenos que sean, están lejos de Criss Oliva. De hecho, como siempre hemos comentado un amigo y yo cuando hemos visto a Jon Oliva´s Pain, el único guitarrista que ha estado a la altura imprimiendo el feeling necesario a los temas de Savatage ha sido Matt Laporte que, por desgracia, nunca más lo podrá hacer.

Una vez dicho esto, que nadie piense que no disfruté porque me resultaría imposible no hacerlo con semejantes canciones y lo que significan para mí, a cual mejor, porque “Edge Of Thorns” es uno de esos discos redondos al que no le falta ni le sobra nada. Desde el piano inicial del tema homónimo hasta el final del disco con “Sleep” disfruté de cada uno de los cortes que componen esta obra maestra, aunque eso no me impidió detectar errores tanto de ejecución como de planteamiento en sí. Es de juzgado de guardia que suene un solo de guitarra, totalmente prescindible, entre la instrumental “Labyrinths” y la genial “Follow Me” que cortó absolutamente el “rollo” original. También me pareció fuera de lugar que Henning nos hiciera corear (por supuesto no lo hice y no entiendo cómo algunas personas lo hicieron) la otra instrumental del disco, “Exit Music”, estropeándola por completo, además de tocarla de forma algo “personal”. También algunos solos no fueron como los originales aunque, en líneas generales, fueron dignas las interpretaciones de ambos guitarristas que se repartieron la imposible tarea de imitar a Criss.

¿Momentos gloriosos? Pues todos, pero me emocionó especialmente la parte inicial de “He Carves His Stone”, aunque aquí el “perro viejo” de Zak nos escamoteó la parte final de la canción en la que tiene que subir el tono, poder escuchar las geniales “Lights Out” y “Skraggy´s Tomb” y, cómo no, volver oír en directo “Follow Me” (posiblemente mi tema favorito si tuviera que decir solo uno) aunque la interpretaron ligeramente más lenta que la de la versión de estudio. Las oscuras “Degrees Of Sanity” y “Damien”, el corte favorito de Zak, sonaron geniales, mientras que “Conversation Piece” fue un placer poderla escuchar en vivo donde, de nuevo, el carismático vocalista se salió.

Eso sí, posiblemente el momento más emotivo de todos, obviando cuando dedicaron “Miles Away” a Criss, para mí fue la interpretación de “All That I Bleed” con ese inicio únicamente con el teclado y la preciosa voz de Zak, casi se me escapa la lagrimita. Por último la acústica “Sleep”, con el bajista Mitch ocupándose de la guitarra, puso un inmejorable broche a la interpretación de un disco memorable.

Y aquí es dónde creo que cometieron un error de planteamiento porque, ¿qué se puede tocar después de esto? Pues o tocas más temas de Savatage o tienes la batalla perdida porque ningún tema de Circle II Circle lo iba a superar.

Aunque la banda se vino arriba con los temas que interpretaron del último trabajo, “Seasons Will Fall”, al público le pasó exactamente lo contrario, es decir, se vino abajo totalmente aunque “Diamond Blade” sea un buen corte. Es paradójico que la interpretación vocal de Zak en ella fuera peor que en los temas de Savatage, supongo que por cansancio o por los tonos de algunas partes (aunque no llevaran mucho tiempo tocando).

Otra prueba de lo que digo del público es que, durante la interpretación de “Epiphany”, un corte correcto de larga duración en el que a Zak se le ha ido la mano porque el principio es una copia descarada de “Gutter Ballet”, y aprovechando que el vocalista se bajó del escenario para cantar entre el público, todo el mundo se dedicó a acercarse a él para hacerse la foto de rigor pasando olímpicamente del tema en cuestión.

Cuando parecía que el concierto había terminado, el bueno de Adam en un más que correcto castellano, nos anuncia que Stevens también toca un instrumento y, ni corto ni perezoso, abandona la batería para que su “jefe” ocupe su lugar y tocar una absolutamente prescindible “The Trooper” que sobró hasta decir basta, en la que el teclista se encargó del apartado vocal, bastante mal, por cierto. Anda que no había temas para tocar tanto de su banda como, por ejemplo, “Chance” de Savatage que en algunos sitios ha caído. En fin, otro error de bulto que supuso, ahora sí, el final del concierto.

Disfruté tremendamente del clásico de Savatage pero creo que el grupo debería tocar más temas propios de su extensa discografía porque te queda una sensación rara al ver a una banda que tiene seis discos, venir presentando el último y tocar dos temas únicamente. Mientras a Jon Oliva le siguen pitando los oídos por los fans que nos “acordamos” de él por no reunir a una banda que nunca debió separarse tendremos que conformarnos con estas revisiones por parte de Jon Oliva´s Pain y Circle II Circle. Creo que todos lo disfrutamos y eso fue suficiente a falta de otra cosa.