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Luca Turilli's Rhapsody, Freedom Call, Orden Ogan + Vexillum, Sala Caracol, Madrid, 15 de noviembre 2012;

(Texto y fotos: David Ortego) ¿Por qué no habré hecho caso a mi sentido común? Esta es la pregunta que me vine haciendo al regresar a casa tras haber finalizado el concierto que encabezaba Luca Turilli y sus Rhapsody y que, a tenor de lo vivido, puede fácilmente obtener el dudoso honor de ser el peor concierto (o uno de los peores, eso sin dudarlo) de la multitud a la que he asistido este año. Y eso que, aparentemente, el cartel era bastante atractivo para los seguidores del power metal europeo con cuatro bandas que tenían ese denominador en común, pero aportando cierto toque diferencial cada una de ellas. Nada, en mi opinión no hubo demasiado que salvar y la mediocridad, cuando no directamente la estafa, fue lo que pudimos ver. Eso sí, salvaría de la quema a Freedom Call que, para mí, ofrecieron lo que siempre ofrecen y esto, tal y como se desarrollaron los acontecimientos, fue suficiente para que les declare vencedores indiscutibles de la velada. Con lo bueno o malo que esto signifique para cada cual.

Supuestamente la apertura de puertas se adelantó, todavía más por si no era ya lo suficientemente temprana, para que los problemas de horario no fueran eso, un problema, y Luca pudiera tocar integro su repertorio de dos horas. Eso fue lo que se nos comunicó y cualquier parecido con la realidad, pura coincidencia, porque es que ni se acercó a esa duración aunque, como no hay mal que por bien no venga, por lo menos llegué a casa a una hora decente, cosa que se agradece cuando el concierto es entre semana, ya que algunos de nosotros madrugamos bastante al día siguiente. Algo es algo. De cualquier forma, si empiezas en torno a las 18:30 un concierto un día de diario lo lógico es que te encuentres con el panorama desolador que se encontraron los italianos Vexillum, que fueron los encargados de iniciar el bolo.

Ataviados con unas faldas escocesas, imagino que para dar mayor impacto visual a su propuesta de power folk y a la temática que despliegan en sus discos, por decirlo de algún modo. Tras la intro de rigor arrancaron con la presentación de su segundo trabajo, “The Bivouac”, con “The Wanderer´s Notes”, tema que podría ser perfectamente el resumen de su sonido.

Al componerse el cartel por cuatro grupos estaba cantado que no iban a disponer de casi tiempo así que, en la media hora escasa que estuvieron en las tablas, se dedicaron a presentar más temas nuevos como “Dethrone The Tyrant”, la arabesca “Megiddo” o “The Marketsquare of Dooly”, que cerró su set, dejando a la folkie “Avalon” como único representante de su debut “The Wandering Notes”.

Lo más destacable para mi del grupo fue su cantante Dario, que hizo lo que pudo para animar a los cuatro gatos que estábamos y cantó bastante decentemente, porque el resto del grupo era soso a más no poder y apenas se movieron. Mención especial a su bajista, Francesco, que casi se queda dormido en uno de los parones entre temas y cuyo carisma era nulo. Tampoco quisiera dejar de comentar lo ridículo que me parece que los guitarristas Michele y Andrea se acercaran a sus micrófonos para hacer coros cuando estos estaban grabados, cosa muy habitual últimamente, al igual que todas las partes de teclados. Este hecho no hace sino acrecentar mi opinión negativa sobre ellos, máxime cuando su música no es nada del otro mundo. Mero trámite.

Algunas personas fueron entrando con cuenta gotas a la sala mientras descargaba la siguiente banda del cartel, el cuarteto (al teclista se lo dejaron en su casa) de Arnsberg, Orden Ogan, pero daba lo mismo, ya se veía venir que no se iba a llenar ni media sala, como a la postre quedó reflejado. Los germanos, al igual que sus predecesores, también salieron disfrazados pero, a diferencia de Vexillum cuya indumentaria me pareció innecesaria (¿falda escocesa y eres italiano?) su disfraz me pareció horripilante. Como si a un personaje de Mad Max o Waterworld se hubiera quedado en paro y, tras el desahucio, llevará meses ejerciendo de mendigo en la Gran Vía. Harapos aderezados con rodilleras y de trozos de neumáticos fue la guisa con la que se presentaron.

A nivel estético no me gustaron y, a nivel musical, no mejoraron demasiado esta opinión a pesar de salirse del estándar del resto de bandas y ser algo menos estándar que los demás grupos del cartel. Por supuesto todos los teclados grabados (y tienen bastante protagonismo en sus canciones) al igual que los coros pero, al menos ellos tuvieron la decencia de no intentar engañarnos haciendo que cantaban.

Su última entrega apenas llevaba veinte días en la calle y, tal vez por esto, la respuesta del público no fue demasiado entusiasta, hecho que se dejó notar ya que su vocalista Sebastian Levernmann buscaba reiteradamente la complicidad del público y no siempre la encontró. Aunque algo más largo, tampoco su concierto tuvo excesiva duración y ellos también optaron por hacer un breve repaso a su discografía (únicamente con un tema) y centrarse algo más el disco que presentaban.

Comenzaron por “To The New Shores Of Sadness” de su segundo trabajo, “Vale”, que posee unas melodías de teclado bastante interesantes pero que quedaron empañadas por estar todas grabadas. Y es que este es el mayor hándicap que le vi al concierto, no terminaron de sonar en condiciones y tantas partes enlatadas restan credibilidad a su directo.

La larga y repetitiva “We Are Pirates” dio paso a la pegadiza “The Things We Believe In” del último disco, “To The End”. Tal vez hubiera sido necesario acortar los “speech” de Sebastian que, aunque jocosos a veces, cortaban continuamente el ritmo del concierto y terminaron por cansarme un poco. Dado lo poco conocidos que son por estos lares y el poco tiempo de que disponían, me pareció acertado que la mayoría de temas elegidos fueran “singles”, jugándosela con su mejor baza para intentar hacer algún fan para su causa.

Sin embargo, me sorprendió que tocaran un tema como “Masks”, que viene solamente en la edición limitada de “To The End” y que ocupó la parte final de su descarga junto la homónima del disco y “Angels War”, que ya venía recogida en su debut y elegida para terminar. En ella el vocalista nos instó a sacar los móviles, grabar el tema y subirlo a YouTube para hacerles el videoclip. Lo sorprendente es que hubo gente que lo hizo… El concierto no me gustó pero he de reconocer que les he dado otra oportunidad en casa y su directo no les hizo demasiada justicia porque los temas están mejor en estudio que lo que pudimos presenciar en Caracol, aunque me siga pareciendo un poco fraude que en tu música tengan tanto protagonismo los teclados y los coros y los lleves grabados. Aún así, tal vez deba dar más oportunidades a “To The End” y esperar un próximo encuentro con ellos para volver a opinar.

Tras el descafeinado concierto de Orden Ogan tocaba presenciar la descarga del primer grupo verdaderamente conocido del cartel, sus compatriotas Freedom Call, liderados por el simpático Chris Bay que, tal y como, esperaba dieron un concierto absolutamente típico en ellos. Si acaso, el tener que ejercer de teloneros y no poder desplegar todo su repertorio, les hizo basar el mismo en algunos de sus temas más conocidos por lo que esto, y que la duración fuera menor, hizo ganar enteros para mí a su descarga ya que un poco de su “happy metal” se soporta pero mucho me satura. De lo que no nos libramos fue de los comentarios entre tema de Bay que, aunque son típicos, también he de decir que fueron demasiados extensos y resto tiempo para tocar canciones pero bueno, así es él y siempre forman parte de sus conciertos.

Salieron a por todas con “Freedom Call”, recibiéndoles los seguidores del grupo de la mejor manera posible para, seguidamente, interpretar otro tema antiguo como “The Eyes Of The World”, de los que nunca faltan en los conciertos del cuarteto de Nuremberg. Un sonido decente y, como siempre, las orquestaciones grabadas para que durante algo menos de una hora la sala se llenara de felicidad, estribillos coreables y melodías facilones y pegadizas aunque, vista la respuesta del respetable, siguen funcionando a la perfección a pesar de haber venido hace relativamente poco a nuestro país.

“Rockstars” fue la primera de las canciones que interpretaron de su último “Land Of The Crimson Dawn”, y esta presentación terminaría con la roquera y directa “Power&Glory” cuyo estribillo se hizo demasiado repetitivo, aunque esto también sea marca de la casa. Entre ambas, más temas fundamentales de los germanos como “Tears Of Babylon” y “The Quest” que les quedaron razonablemente bien y entre las que Chris siguió ejerciendo de humorista con referencias a la cerveza (bautizada como “agua española”) o a que hiciéramos sus sueños realidad (esto referido a las chicas. no sin un poco de mal gusto todo hay que decirlo, aunque no sé si muchas lo entendieron).

“Warriors”, y la fiesta que siempre supone “Land Of The Light” (¿cómo es posible que me guste ese tema con lo “moñas” que es?), pusieron punto y final al concierto más digno de la velada. Y si esto lo digo de Freedom Call, que no es que sea mi grupo de cabecera precisamente, imaginaos lo que me parecieron los demás conciertos. No obstante, al César lo que es del César y, además, sin contar con su base rítmica habitual que he de decir que no se echó en falta por la buena labor de los sustitutos.

Por fin llegaba el turno de comprobar cómo se defendía en directo la otra parte de “Rhapsody” tras las buenas sensaciones que me dejaron sus ex compañeros a principios de año. Pues bien, tras haber “cerrado el círculo” y haber visto todas las versiones posibles de los otrora estandartes del power metal europeo, he de decir que Luca Turilli debería dedicarse a montar espectáculos de variedades u otra cosa similar que no sea dar conciertos de metal porque lo que hicieron sus “Rhapsody” no tuvo nombre.

La enorme pantalla blanca que había acompañado a los grupos teloneros por fin tuvo utilidad y, haciendo bueno el nombre de la gira (“Ascending To Infinity Cinematic World Tour”), en ella comenzaron a proyectarse imágenes de los miembros del grupo a modo de presentación y en formato película mientras cada uno tomaba su respectiva posición. Curiosa forma de comenzar pero teniendo en cuenta el nombre de la gira no desentonó y hasta me pareció apropiado.

Pero, ¡ay cuando atacaron la inicial “Riding The Winds Of Eternity”! una de mis canciones favoritas quedó tan deslucida por un batiburrillo sónico ininteligible y unos pregrabados tan altos que apenas dejaban comprobar qué estaban tocando y qué no era en directo. Pensé que esta situación mejoraría con el transcurso de los temas pero no, la tónica descrita se repitió todo el concierto y, encima, la sensación de tomadura de pelo fue “in crescendo”. Y es que en “Clash Of The Titans”, primero de los temas que sonaron de su “Ascending To Infinity”, los grabados se “comían” a las partes en directo y la voz del pobre Alessandro Conti, que no me parece un mal cantante pero no encontró su sitio en ningún momento, quedaba ahogada y relegada a un segundo plano total por los infinitos coros enlatados y disparados a todo volumen.

“Tormento E Passione” contó con la presencia de la soprano Sassy Bernet que interpretó las partes femeninas del tema en plan “Pimpinelesco” con Conti, como también sucedió en la balada “Forest Of Unicorns” hacía la mitad del show donde ambos vocalistas acapararon el protagonismo total junto al teclista Mikko Härkin, quien estuvo desaparecido pasando desapercibido casi todo el concierto.

Además de temas de Rhapsody de varias épocas, como “The Village Of Dwarves”, “Flames Of Revenge”, la citada “Forest of Unicorns” o la imprescindible “Dawn Of Victory”, aprovechó esta nueva andadura para tocar, y esto sí que me sorprendió, temas de sus discos en solitario como “Demonheart” y “Warriors´s Pride”. Esto gustaría a los más furibundos seguidores del italiano porque no recuerdo que haya girado por aquí presentándolos pero a mí me pareció fuera de lugar porque será que no tiene temas para tocar. máxime cuando se quedaron tantos en el tintero, por lo que desperdiciar minutos en ellos (que encima me parecen bastante malos) no me gustó.

Lamentablemente daba igual lo que tocara porque la sensación de que todo era demasiado “artificial” flotaba en el ambiente y los continuos parones con proyecciones de videos, solos de batería y bajo infumables (el primero sirvió para preparar el atrezzo de “Forest of Unicorns” con el pipa colocando piedras de corcho mientras aporreaba la batería, y el segundo para aburrir a esas piedras) cortaban cualquier posibilidad de levantar el concierto. Tampoco las esporádicas apariciones de una señorita rubia con un traje de leds azules o unos abanicos (y que a los que tenemos una edad nos recordó sin dudar a ese entrañable engendro de grupo llamado Locomia) para hacer unos bailes (y que todavía estoy intentando averiguar qué pintaba en el conjunto del concierto), no ayudaban precisamente a mejorar la percepción sino a intentar distraer de lo verdaderamente importante, la música. Y fue una pena porque hubiera sido genial escuchar todos esos temas que interpretó del debut de Rhapsody, y del que se olvidan sus ex compañeros, en condiciones pero de esta forma todo quedó en un intento fallido. Más temas nuevos como “Excalibur” o la versión reducida de “Of Michael The Archangel And Lucifer´s Fall” (menos mal porque si llegan a tocar los dieciséis minutos largos que dura la versión del disco hubiera provocado suicidios en masa) tuvieron cabida, además de ”Son Of Pain”, tema del “Triumph or Agony” de Rhapsody Of Fire. Este dio paso a “Dawn Of Victory” que, evidentemente fue uno de los momentos álgidos para casi todos. Y digo casi todos porque, si ya estaba pareciéndome un bochorno la cantidad de grabados que estaban sonando, incluso tenía cierta “sospecha” de que algunas de las guitarras también lo estuvieran, aquí las dudas se disiparon por completo. ¡¡Cómo se puede tener tan poca vergüenza!! Luca tocaba tres notas y sonaba un solo completo. Escandaloso es quedarse corto. Como no podían contar con la presencia de su guitarrista Dominique Leurquin, que era baja, pues nada, en lugar de posponer la gira o cancelarla (nadie se hubiera perdido nada) llevaban sus partes grabadas. En concreto en este tema el asunto fue de juzgado de guardia. No me quedó más remedio que echarme a reír ante tal despliegue de jeta.

Tras ella se retiraron para volver con “Dark Fate Of Atlantis” y el clásico por excelencia “Emerald Sword”, que contó con una lluvia de espuma como efecto añadido, y con la que pensé que echarían el cierre definitivo cuando no llevaban ni 90 minutos. Pues no, todavía les quedaba un as en la manga que anticipó la intro “Ira Tenax”, es decir, “Warrior Of Ice”, también del glorioso “Legendary Tales” con el que sorprendieron a todos hace muchos años ya. Ojalá lo hubiera podido disfrutar pero lo que realmente quería era irme a casa. Cosa que hice tras comprobar que los títulos de crédito en la pantalla y un outro daban por finalizado el concierto que, ya digo, ni se acercó a las dos horas como se nos vendió.

A modo de resumen, que cada cual saqué sus conclusiones pero hubo demasiadas tonterías ajenas a la música que, sin esta, no aportan nada positivo y trataron de enmascarar el timo que, en mi opinión, fue el concierto. Mucho ruido (bailarinas, humo, proyecciones, micrófonos con luces, pregrabados a volumen brutal,…) y pocas nueces (teclista en segundo plano, guitarras grabadas, Luca Turilli tocando entre poco y casi nada, un cantante que apenas tenía “espacio” entre tanto grabado y un repertorio escaso e interpretado de forma bastante floja) fue lo que nos ofrecieron.

Posiblemente vuelvan por estos lares pero, desde luego, a mí ya me han visto. Lamentable.
Vexillum
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Orden Ogan
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Luca Turillis Rhapsody
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